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¿Es bueno mentir a los niños sobre la Navidad?

La libertad de expresión y el acceso a internet ha hecho que muchas veces nos encontremos con artículos que indican que mentir a nuestros hijos sobre la existencia de los Reyes Magos y Papá Noel es negativo para su desarrollo psíquico y especialmente para la confianza con sus padres. Hoy quiero abordar este tema y que me contéis vuestras experiencias.


Una macro mentira mantenida a lo largo del tiempo y con cómplices por todos los hogares

La verdad... que si lo piensas bien vivimos en un mundo lleno de incoherencias. Regañamos a nuestros hijos por mentirnos y todas las navidades les mentimos a lo grande, incluso con todo el equipo de profesores y directores de su cole apoyándonos, los centros comerciales, ayuntamientos o el presentador de las noticias en Televisión que advierte, antes de cerrar el informativo de la noche de Reyes, a todos los niños que se acuesten temprano para que los Reyes Magos les traigan regalos.

 

Y no solo es mentir sino que disfrutamos y saboreamos la mentira lentamente y cada vez incrementándola más, que sí Papá Noel viene de madrugada cuando están dormidos, que si entra por la chimenea, que si le gusta comer galletas...todo un ritual del que disfrutamos niños y adultos. 

 

Puede ser quizá una herramienta para que nuestros hijos se porten bien por lo menos durante un mes. El 1 de diciembre empezamos a escuchar por las casas esa voz del padre o la madre diciéndole "Pórtate bien que los Reyes te están viendo y si no no te traerán nada". Y el niño, tan inocente como siempre, mira a su alrededor por si hay alguna cámara 360º puesta por los Reyes Magos estratégicamente en algún rincón de la casa.

 

Pero esta mentira y otras, como la del ratoncito Pérez, ese ratón usurero que aglutina millones de dientes de niños calan durante la infancia y dejan huella en nuestro cerebro para toda la vida.

Y...siempre hay un niño anti sistema que vocifera en el recreo del cole "¡Los Reyes Magos no existen! ¡son nuestros papás!"

Es en ese momento cuando, si eres niño, te quieres enfrentar a él y decirle que está mintiendo y defiendes a ultranza a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, incluso si pudieses ondearías la bandera de la Navidad.

 

Y después, cuando llegas a casa durante la comida comentas a tus padres que fulanito dijo que los Reyes Magos no existían. Tú, como padre cierras fuertemente tu puño y sonríes a tu hijo diciéndole "qué disparate ha dicho ese niño". 

 

Como anécdota sobre este tema tenemos al Rey Baltasar que participó en la cabalgata del Ayuntamiento de Andoain en las últimas navidades y donde en su discurso, ante la atónita mirada de cientos de niños y padres dijo que los Reyes son los padres. Luego, tras recoger toda la prensa nacional dicha noticia se disculpó y dijo que no quiso decir eso, sino hacerles ver a los niños que los padres son los reyes en sus hogares. ¡Vaya situación la del rey Baltasar, que mal lo debió pasar!

¿Entonces qué?...¿Mentir o no mentir?

Pues os diré que he estado buscando artículos científicos sobre qué sucede si seguimos mintiendo a las nuevas generaciones de niños, y la verdad que hay muy poco publicado, seguramente por la complejidad del tema.

 

He encontrado un artículo en la revista científica The Lancet Psychiatry escrito por Christopher Boyle y Kathy McKay donde hacen una pequeña reflexión basada en investigaciones del ámbito de la psicología sobre la mentira maravillosa de la Navidad.

 

Por otro lado, Melinda Wenner una escritora americana experta en educación afirma en su blog que en ningún caso se causa un daño psicológico en el niño al creer en Santa. 

 

Sin embargo si que hay muchas personas que vuelcan en sus blogs que mentir a los niños puede generar una pérdida de confianza entre padres e hijos. Y en esto estoy de acuerdo completamente, pero tenemos que detenernos en cuatro variables importantes: qué tipo de mentira, con qué frecuencia mentimos, con qué volumen y con qué intensidad de mentira.

 

Si hablamos de tipos de mentiras podemos comentar la mentira piadosa que en cierta manera es benévola o sana, no tan tóxica como otras. La mentira real  y la  fantástica, en este caso estamos hablando de una navidad mágica y fantástica, por lo que no es una mentira real como puede ser decirle a tu hijo que le mienta a su mejor amigo indicándole que no puede ir a su casa a dormir porque tenemos cena familiar, cuando realmente no la tenemos.

 

Pero también hay que valorar la frecuencia con la que mentimos a nuestros hijos, en el caso de Navidad es una vez al año, en cuanto al volumen seguramente no tengamos muchas más mentiras durante el año. Y no olvidemos de valorar la intensidad, el grado o impacto que provoca en el niño. En el caso de las mentiras navideñas es un impacto positivo y agradable para el niño, vamos...nada traumático, incluso en mi caso, quiero seguir creyendo en los Reyes Magos en la vida adulta porque todavía tengo ilusión de que algún año venga un ser fantástico y me deje un regalo bajo el árbol. 

Otras mentiras también bien vistas socialmente

Los magos nos asombran con lo que son capaces de hacer. Jorge Blass comentaba que "La magia no es un engaño, es la mentira del arte". Es increíble como un mago nos está diciendo que va a cortar el cuerpo de su ayudante en 3 trozos, metiéndolo en una caja y diseccionando luego la caja, pero minutos más tarde sale intacto su colaborador de allí. Puede que sea una mentira porque nunca nos llega a decir la verdad o porque realmente no es verdad que esa persona fuese troceada en tres partes. 

El cine y especialmente las películas infantiles están llenas de mentiras, perros que hablan, leones que vuelan, castillos donde pasan cosas sobrenaturales....todo es un cúmulo de mentiras con las que los niños disfrutan. Quizá más que de mentiras estamos hablando de fantasía, ilusión y magia. 

Mientras sigamos mintiendo seguiremos siendo niños

Puede ser otra de las razones para que nunca dejemos de mentir. La vida adulta está llena de problemas y estrés diario y regresar a ese mundo fantasioso que tanto nos encandiló cuando éramos pequeños puede ser un alivio para que, por lo menos durante un mes al año, nos refugiemos en el calor que nos ofrece la navidad.

 

En mi caso, mis hijos ya son adolescentes pero les sigo comentando que yo sí creo en los Reyes Magos. En ese instante miran para mí y sonríen. Luego les indico que si no creen en la magia de Navidad nunca será como cuando eran pequeños, en ese momento observo sus caras y percibo que están dispuestos y bien preparados para seguir con la mentira en próximas generaciones.

 

Esto que os acabo de comentar puede ser una buena opción como estrategia para evitar decirles que les habéis mentido durante años. Cuando un niño pregunta a sus padres "Papá...¿los Reyes Magos existen realmente?" es porque tiene una cierta edad y madurez para investigar si realmente existen o no. Cuando os llegue esta pregunta lo mejor será responderle a lo gallego ¿Y tú que crees?. 



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Comentarios: 2
  • #1

    Marta (jueves, 12 diciembre 2019 17:56)

    En mi familia seguimos la tradición y no decimos nada hasta que ellos se den cuenta. Me ha gustado mucho el post.

  • #2

    Carlos (jueves, 12 diciembre 2019 17:58)

    Yo no estoy tan seguro, Victor, del beneficio de esa mentira "ilusionante" y, como he leído en una noticia reciente acerca de una madre que aconsejò en redes que se limitase el consumismo desaforado en lo relativo a los regalos navideños para los niños porque evidenciaba las desigualdades en el acceso a los mismos - Santas "ricos" que satisfacen todos los deseos frente a Santas no tan ricos que acaban siendo cuestionados por los niños, perplejos porque no les conceden dichos deseos - empiezo a pensar que hay algo poco democrático en este supuesto reparto de felicidad que no sé muy bien si es del todo bueno. Por otro lado, tampoco estoy seguro de los beneficios de establecer un rito que inculca en los niños la idea de que los deseos se cumplen con sòlo quererlo, porque es algo que en el resto de la vida adulta no va a darse, y es difícil hacer entender que sòlo se consiguen las cosas con más o menos esfuerzo y a veces con mera suerte. Mi hijo está ahora en la edad de "descreer", pero mantiene la credulidad porque le beneficia, algo lògico. Pero empezamos a tener problemas para explicarle que ese juego tan caro que desea y "le trajeron a todos los demás" los reyes a él quizá no se lo traigan, porque "sus" reyes son diferentes. Quizá haya que plantearse en qué se basa la ilusiòn en esta época, si sòlo en lo material a lo mejor no es tan bueno estimularla.